Aunque todavía queden resabios de esa fea sensación de que el trabajo es producto de un castigo bíblico por el pecado, lo cierto es que mucha gente lo disfruta intensamente. Y no; no es algo descabellado.

“Desde la teoría motivacional frankliana se define al hombre como un buscador de sentido; por tanto es esperable y natural que el hombre encuentre y se pregunte por el sentido del trabajo que realiza”, define Lucía Copello, licenciada en Psicología, por la Universidad Católica Argentina y logoterapeuta, y explica que hay una palabra que ayuda a reflexionar sobre ese sentido: es la palabra “oportunidad”.

“El trabajo se presenta como una oportunidad en múltiples aspectos: para dar algo de sí mismo al mundo, para realizar valores de creación -destaca- y agrega: “con este nombre ha dignificado (Victor) Frankl casi todo el trabajo manual. Todo el esfuerzo físico que el hombre realiza en este mundo cuando tiene sentido y mediante él trasciende, se ha convertido en un valor”. Esta reflexión permite pensar miles de razones (más allá de las económicas) que nos llevan a ser felices con nuestro trabajo.

Pero hoy nos centraremos en cómo no malograr la oportunidad de alcanzar esa felicidad: implica asegurar que nuestro cuerpo esté en condiciones de enfrentar los desafíos que nos exige el trabajo, concretamente uno: la inmovilidad.

“La inmovilidad prolongada causa rigidez articular y contractura muscular -destaca el traumatólogo tucumano Fabián Landa-. Si no se combaten, ambas generan dolor y pueden producir lesiones”.

La clave, en este caso, es el concepto de sobreuso, señala Martín Petersen, coordinador de la licenciatura en Kinesiología de la UNT. “Pasar ocho horas sentados (muchas veces, mal sentados) en la misma posición también genera exigencia muscular, y a la larga, las consecuencias pueden ser problemas mecánicos y hasta estructurales”. “Se les exige mucho a ciertas cadenas musculares y se debilitan otras. Si la situación persiste en el tiempo, genera efecto cascada: retracción muscular, dolor, más retracción y contractura... -añade Petersen-. Llega un momento en el que se pierde la alineación del cuerpo. Es típica la rectificación de las vértebras cervicales”.

Contrarrestar la quietud

“Puede ser sentados en una oficina, de pie en una fábrica o en un negocio... Lo cierto es que muchos trabajadores pasan un montón de horas al día quietos; a veces, casi en la misma posición. Y eso atenta contra su salud”, advierte Marisa Katz, licenciada en Educación Física y especialista en gimnasia laboral.

Y a esta situación, que venía imponiéndose desde hace años, la hemos visto agravarse: la pandemia acrecentó severamente el sedentarismo, y obligó a horas de zoom, clases y reuniones virtuales...

“La cantidad de gente que trabaja desde casa aumentó considerablemente durante la pandemia de la covid-19 y, por lo tanto, más personas se quejan de dolor del cuello y de dolor de la espalda”, destaca Jill Henderzahs-Mason, fisioterapeuta para el bienestar del programa Vida Sana, de la Mayo Clinic de Rochester, Estados Unidos.

Y como todo indica que en muchos casos el teletrabjo llegó para quedarse (al menos un tiempo más), en ocasiones ya ni siquiera caminamos hasta la oficina. Pero amamos nuestro trabajo y no queremos dejar de hacerlo...

Una de las maneras de lograrlo -asegura Katz- se llama “pausas activas”, y sería bueno incorporarlas tanto para el trabajo presencial como para el que hacemos desde casa. La otra, señala Henderzahs-Mason, es revisar y rediseñar el puesto de trabajo, también en ambas instancias.

El lugar de trabajo

“Las personas a menudo intentan acomodarse a la tecnología, en vez de hacerlo al revés. Por ejemplo, se tensan para ver una pantalla colocada muy lejos, muy abajo o muy arriba; o que es muy pequeña, o muy oscura. Estas situaciones no permiten mantener una buena postura”, advierte Henderzahs-Mason, y señala por qué esto puede ser grave: “la cabeza humana pesa casi 5,5 kg, en promedio; pero cuando se dobla el cuello a 45°, la cabeza ejerce una fuerza de casi 22,5 kg sobre este. Esa presión, además de tensionar las articulaciones y los músculos de la cabeza y de los hombros, también afecta la respiración y el estado de ánimo”.

Importa tener en cuenta que esa postura (que es sólo una de las malas que adoptamos) ocurre estemos sentados o de pie... Por eso, agrega: “a fin de aliviar la tensión, rediseñe su puesto de trabajo para promover una postura con buena alineación”, y propone una serie de ideas (ver aparte “Tu escritorio es clave”).

Pausa activa

“Unos minutos de actividad física en el espacio de trabajo mejoran la movilidad articular y disminuyen las cargas osteomusculares. Y eso es crucial: de una hernia de disco, no se vuelve”, advierte Katz.

Resalta además que ese tiempo dedicado a nuestro bienestar también es “buen negocio” para los empleadores: “los recursos humanos no sanos generan más ausentismo y menor productividad. El modelo ideal es la organización saludable: en esa ecuación, todos ganan”, asegura.

Y destaca también que las pausas activas no sólo favorecen el cambio de posturas y disminuyen el estrés: estimulan la circulación y mejoran la concentración, y con ello, la creatividad.

“Además, en ámbitos colectivos, como el laboral, aumentan el rendimiento y enriquecen las relaciones interpersonales, lo que mejora la posibilidad de trabajo en equipo y la sensación de satisfacción en el trabajo”, describe.

Lo que propone son ejercicios sencillos que se pueden realizar con la misma ropa con la que vas a la oficina (¡tacos incluidos!). (Ver “Para moverse en pocos minutos”). Y estos otros consejos, para practicar cada hora de trabajo, también son útiles

• Abrí y cerrá las manos, mové los dedos y hacé círculos con las muñecas, unas 10 veces para cara lado.

• Sentado derecho, y apoyá bien los pies sobre el piso, y luego sólo las puntas. Repetí unas 15 veces.

• Con la espalda recta, llevá la cabeza lentamente hacia un hombro y hacia el otro.

Y, agrega, no valen excusas como “me demoro”: “la pausa no lleva más de 15 minutos. No incide en el tiempo real de trabajo, pero te cambia la vida”.

Propuestas para moverse en pocos minutos

- LOS BRAZOS Y LAS MANOS
Llevar el brazo hacia adelante, con la palma de la mano hacia arriba y con la otra mano empujar los dedos hacia abajo. También ayudará hacer movimientos circulares con las muñecas.

- LA ESPALDA Y LOS HOMBROS
Con la espalda recta, llevar ambos brazos hacia la espalda, tomarse las manos y tirar. Eso elongará brazos, hombros y pecho. También ayudará girar los hombros hacia adelante y hacia atrás.

- LA CADERA
Sentados, con la espalda recta, llevar las rodillas hacia el pecho, para movilizar la articulación. También ayudará cruzar (alternado) las piernas sobre las rodillas e inclinarse hacia adelante.

Tu escritorio es clave

LA PANTALLA.- Es clave para que al trabajar no se genere no causar tensión muscular en el cuello. En primer lugar, colocarla de modo que los ojos queden a la misma altura que el borde superior de la pantalla. Si se usa lentes bifocales, posiblemente se deba bajar la pantalla entre 2,5 y 5 centímetros.

LA PANTALLA II.- Si nota que necesita hacer esfuerzo para leer, acerque o aleje la pantalla, y/o agrande el tamaño de la letra . Si usa computadora portátil, conéctela a una pantalla más grande.

RATÓN Y TECLADO.- Ambos inciden en la posición del cuerpo. Baje la altura del escritorio o levante la silla para que los antebrazos queden paralelos al suelo (o apenas hacia abajo) y las muñecas no apunten hacia abajo ni hacia arriba.

LA SILLA.- Su asiento debe permitir conservar las curvaturas normales de la espalda. Para ello es importante que no esté sentado en un ángulo de 90°, sino más bien con uno de 115 ente 120° entre el torso y los muslos.

LOS PIES APOYADOS.- Si alzó la silla para posicionar bien los brazos y entonces los pies ya no tocan el suelo, es importante buscarles un apoyo. Además, mantenga unos 5 centímetros entre la cara interna de las rodillas y la silla.